Revise su bodega (01/09/2016): ¿Veinte años no es nada?, por José Peñín

Salvo que el tapón no agüe la fiesta, los vinos no mejoran con el tiempo en botella salvo los escasísimos ejemplos que podemos encontrar entre los grandes tintos de Burdeos y los vintages de Oporto, los imbatibles blancos de Borgoña y Sauternes. El resto apenas mejoran, solo cambian sustituyéndose los rasgos frutales y minerales por los reductores. Al final, su puntuación apenas oscila entre 2 y 6 puntos. Otra cosa es que el descorche de un viejo vino alcance nuestras emociones y nos conviertan en bebedores indulgentes. Para ello convendría recordar cómo estaba ese vino recién lanzado al mercado y compararlo 20 años más tarde en una cata fría y cerebral. 

En esta sección intento describir esos dos momentos, teniendo muy claro que solo se produce una mejora entre el vino recién embotellado y cuatro o cinco años más tarde.

Estos son los vinos que he encontrado para mis lectores en mi desordenada bodega personal, eso sí, climatizada entre 10º en invierno y 15º en verano. Es importante destacar que la graduación alcohólica oscilaba entre 12 y 13 grados a diferencia de hoy que la mayoría andan entre los 13º y 14º,5.

90 MARQUES DE ALELLA ALLIER 1993  12º
Roble y chardonnay son dos elementos clave de supervivencia de un vino blanco. En la Guía Peñín 1995 obtuvo 90 puntos pero con el retrato típico de un vino a la borgoñona: pajizo con brillos amarillos, matices ahumados, cremoso, denso, graso, fruta madura, toques amargosos del roble y alguna arista…Hoy: color algo dorado, con unos rasgos de fina reducción con un fondo limpio y elegante con ligeros toques de hierba seca y todavía con una evocación de mermelada de manzana. Dos vinos diferentes pero con la misma calidad.

88 TORRES GRAN CORONAS 1987 RESERVA CABERNET SAUVIGNON  TINTO 12º,5

En aquella década recuerdo que los “Gran Coronas” pecaban de exceso de madera, en pleno cambio de las viejas barricas por la del roble americano, algunas de ellas con marcados toques torrefactados. En la Guía 1994 obtuvo 80 puntos (es posible que un tanto rigurosos). Hoy está mejor. Aquella fisonomía se halla más difuminada y sus componentes más equilibrados. El color rubí teja es vivo con un aroma fino, elegante con las consabidas notas de cuero y fruta confitada, sin falsos aromas, muy entero y un ligero matiz de trufa que aporta la cabernet en reducción. En boca es graso, redondo, quizá sin la expresión varietal de entonces, manteniendo todavía leves matices frutales con una acidez todavía viva.   

87 TORREMILANOS GRAN RESERVA 1989 TINTO 12º,5
En la edición 1998 de la Guía apareció con 85+ que en el mejor de los casos sería 89 puntos con los cotejos actuales. Aquel tinto era de color intenso, con profusión de frutos rojos maduros, café tostado y muy potente. Los años en botella le ha dotado de un color rubí-cereza ligeramente oscuro con el borde teja. Ha envejecido muy ortodoxamente atenuándose su potencia con las notas especiadas del roble viejo pero limpio, con los matices de tabaco, cera y cuero de su evolución en botella. Boca redondo, aterciopelado, sabroso pero sin grandes matices, un tinto no mejor que en sus mejores tiempos aunque diferente por la evolución en la botella con acidez y alcohol equilibrados.

75 MARQUES DE GRIÑON 1983 TINTO (90% Cabernet Sauvignon 10% Merlot) 12º,5
Treinta años con el mismo tapón son muchos años. La botella presentaba un nivel del vino mas bajo del cuello. Las consecuencias de un corcho totalmente húmedo y casi deshecho es la invasión de la oxidación por su color teja algo apagado. Lo curioso es que en boca el vino estaba más o menos entero pero con ese rasgo oxidativo preeminente. No obstante, mejor no puede estar con ese hándicap, es la entereza de la cabernet. La primera cosecha que apareció en la Guía Peñin 1990 fue la de 1985 con 8/10 puntos equivalentes a los 90 de hoy. Más o menos esa sería la puntuación de la cosecha 1983 que en condiciones normales de conservación hoy tendría entre 88 y 92 puntos.  

85 CONTINO RESERVA 1988 TINTO 12º,5
Solo tenemos referencia de la cosecha 1989 en la edición 1994 de la Guía en la que alcanzó 80 puntos, destacando una sabor algo plano, sin matices, aunque elegante. Cereza borde teja, un aroma con ligera evocación de madera carbonizada, cuero y madera de cedro, muy entero y con cierta y extraña complejidad, todavía con algo de fruta madura y habano. Boca redondo suave buen acidez retronasal especiado de la crianza en roble pero sin mas elementos de relieve.   

91 PEREZ PASCUAS 1991 GRAN RESERVA TINTO 13º
La cosecha salió al mercado en 1998 en cuya edición de la Guía tuvo 85+ (como mucho 89) puntos, con un color cereza intenso con borde violáceo, con toques de maderas finas y recuerdos de cacao, torrefacto y confitura de ciruelas, toda una belleza de vino. Le perdió el desequilibrio entre la acidez y taninos. Hoy ese defecto no aparece, es más armonioso con un bonito  color rubí teja con cierta viveza, de aroma fino, reductivo, tabaco, cuero, madera de cedro. Boca con una acidez muy entera, redondo, aterciopelado, con un ligero matiz de incienso, con taninos todavía enteros.

94 VIÑA TONDONIA 1947 TINTO

Hurgando en mi bodega hace dos meses me encontré con esta botella del que no recuerdo quien me lo regaló y cuando; no creo que haya sido en los últimos 20 años. Si de verdad era de esta cosecha, me sorprendió que el nivel no estuviera más abajo del cuello de la botella ¿Qué pensar? Lo cierto es que pocos vinos son capaces de resistir el paso del tiempo como los vinos de Lopez de Heredia y además mejorando. Hasta hace pocos años, los vinos de esta casa no solían ser tan seductores cuando se bebian con pocos años de edad: acidez marcada con una estructura de media a ligera fruto de incontables trasiegos, incapaz de armonizarse con el roble que se imponía de un modo contundente. Además, algunas barricas de edad inconfesable transmitían ese olor a humedad de madera vieja de dudosa salud, pero que eran rasgos que estaban enquistados en los vinos clásicos como algo inherente. Hoy ya es otra cosa. Sin abandonar su condición de “clásico” son en la actualidad más redondos y limpios.

Sin embargo, cuando pasan más de 20 años por los tondonias ya sean blancos o tintos se produce el milagro: la estructura se suaviza, la acidez se modera y su evidente acidez, por el contrario, transmite frescura, la nota de humedad desaparece y el roble se transforma en la complejidad de evocaciones de cera, cedro, tabaco, mueble viejo con un tacto en boca sedoso y aterciopelado. No sé si será por la resistencia que proporciona un Ph bajo como eran los vinos anteriores a la década de los Ochenta sobre todo por las bajas graduaciones, su acidez (en ocasiones añadida en los riojas clásicos) y sus trasiegos, lo cierto que este 1947 parece un vino de 20 años. Un tinto de gran viveza en boca, con ciertas notas de fruta confitada por el tiempo. La cosecha fue considerada por el Consejo Regulador como Muy Buena sin llegar a la gran añada que fue 1948.

93 ALION 1994 TINTO

Alión fue el primer vino de la modernidad que diseñaron los propietarios de Vega Sicilia. La primera cosecha fue la de 1991. Después de adquirir la finca en 1983, pensaron que era necesario introducir un hermano joven que creciera fuera del espíritu clásico de la mítica bodega y no quedarse en las limitaciones de producción de la finca. Fue un reto competir con el resto de las marcas edificando un ribera y no un vega Sicilia adolescente. Por eso decidieron eliminar el “tercer año” del Valbuena para no interferir los proyectos de la nueva bodega. El vino causó impacto por utilizar barrica nueva de roble francés cada año, algo insólito en aquellos tiempos y además más barato que el Pesquera, que en aquellos años vivía sus años de gloria. Hoy han cambiado las tornas: el Pesquera se ha abaratado y el Alión se ha encarecido.

La cosecha 1991 obtuvo 93 puntos en la edición 1994 de la Guía. Después bajó a 90 puntos la cosecha 1992 y 1993 para después alcanzar 95 con la añada 1994 de la edición1998. Esta fue la reseña: “color muy intenso, aroma potente a finas maderas francesas, fruta negra madura, compota de mermelada de ciruelas. Boca con taninos sabrosos algo dulces, con toques de hollejo maduro”. Hoy este vino se ha convertido en un color rubí teja con un aroma a cuero, vainilla, tabaco y especias con una ligera expresión frutal confitada y con un tacto en boca redondo, aterciopelado con taninos suaves y cierta elegancia. En aquellos años se iniciaba el modelo de alta maduración de la uva, mas alcohol  y roble nuevo que en la actualidad no supone una ventaja porque suele ser en ocasiones una barrera para la complejidad reductiva de la botella. 

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